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Nils Jacobsen: “Las comunidades indígenas deben ser las protagonistas del surgimiento del altiplano peruano”

El diario digital La Prensa entrevistó al historiador alemán Nils Jacobsen, a propósito de la presentación en español de su libro Ilusiones de la transición: El altiplano peruano, 1780 – 1930, que explica cómo se vivió en esta zona del sur del país el proceso de conexión con la economía mundial. A continuación reproducimos la entrevista.

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Por José Miguel Silva

El historiador Nils Jacbosen nació y creció en la antigua Alemania Federal. Estudió en las universidades de Hamburgo y Berkeley. Llegó al Perú en 1975 y desde aquel entonces terminó fascinado por la historia de nuestro país.

Ilusiones de la transición: El altiplano peruano, 1780–1930 le tomó más de 30 meses de acuciosa investigación. La primera edición salió en 1993 – en inglés – bajo el título de «Mirages of Transition».  La versión en español, a cargo del Instituto de Estudios Peruanos y del Banco Central de Reserva del Perú, es de publicación reciente y se puede considerar como un gran aporte a la historia de una región históricamente pobre y desigual: el Altiplano.

¿Por qué decidió investigar sobre el altiplano peruano?
Cuando me inicié en la historia latinoamericana, lo que a mí me interesó más fueron las relaciones entre los grupos indígenas y los españoles. En esa época (1960) en la que yo empecé mis estudios latinoamericanistas, estaba de moda Juan Velasco. Todos veíamos al Perú con atención. Le prestábamos atención para ver si se podía o no materializar nuevas formas de desarrollo, nuevas maneras de enfrentar los problemas sociales y étnicos. Por esto me enfoqué en este tema, fue casi una casualidad.

¿Por qué consideró en ese entonces que Velasco era un cambio para el Perú?
Porque él buscaba una ‘tercera vía’. Era lo que pasaba en Yugoslavia, entre el capitalismo y el comunismo o socialismo. Eso era muy atrayente para muchos de nosotros. Estábamos expectantes de los resultados. Aunque claro, ya al entrar al Perú, nos dimos cuenta de todos los problemas que se generaron. Fue un (régimen) demasiado autoritario, bastante de arriba para abajo, sin autonomía alguna. No obstante, sí había un sentido a favor de tratar de ‘levantar a los pobres’ y de integrar a la mayoría indígena a la nación peruana.

En ese régimen se tuvo la intención de desarmar todo lo que usted estudia en su libro…
Exactamente. Mi libro es como el ensayo para comprender cómo se llegó a esta problemática. ¿Por qué la situación de los indígenas en el Perú era tan negativa o deprimente?

¿Cuál era la situación del Altiplano a fines de la Colonia en 1780?
La región era muy amplia y muy central. Si bien era básicamente minera, también abastecía a los centros de la Colonia con productos como las lanas, la carne seca, etc. Era también una región de trueques y de tránsito. En esa época, lo que yo describo es que este ciclo de la minería de plata colonial ya había entrado en crisis. A pesar de que la producción de la plata estaba aumentando, el espacio andino ya se había roto, porque toda la parte sur de la producción (minera, en la colonia), ya no estaba saliendo por Arica y el Callao sino por Buenos Aires. El espacio se había roto en dos. Esto también afectó a la región de Puno e ingresaron muchos productos que antes se producían en el Virreinato, desde Europa. Hubo también crisis política. La situación económica en la región se había debilitado de una forma importante.

Usted cita varias veces a José Domingo Choquehuanca…
Él fue una persona muy importante. Venía de una antigua familia de origen incaico. Señores étnicos que eran parientes de Huayna Cápac. Eran pues los curacas o caciques mayores de esa región. Nunca he comprendido si había una estratificación dentro de los curacas. Era un grupo muy poderoso, con bastante plata. Tenían muchas haciendas. En esa época era una de las familias que decidió mantenerse al lado de la corona española. Se negaron a unirse a Túpac Amaru y – es más – se enfrentaron a él.

¿Cómo fueron cambiando los ingresos por la exportación de lana durante los 150 años que abarca su investigación?
La exportación hacia Europa comienza con la apertura del Perú luego de la caída del imperio español. Estas ventas eran bajas. La demanda europea por una lana de una región tan lejana era muy menor. Esto comienza a cambiar a partir de los años cincuentas y sesentas. Ahí empieza el auge exportador. Luego hubo unos altibajos y ya más adelante, casi al comienzo del siglo XX, ocurrió el punto más alto de la economía de exportación de lanas. Lo que llegó a ocurrir en algún momento es que los precios también subían y bajaban. Por esto es que los grandes terratenientes, los gamonales, tenían más interés en adquirir y producir más lana. La única manera en que podían hacerlo era adquirir más tierras de las propiedades indígenas.

¿Qué tan arrolladora e injusta fue la expansión de las haciendas en el Altiplano?
Fue muy arrolladora. Tenemos que reconocer que durante toda la Colonia, las haciendas no eran mayoritarias en el sentido de ser propietarias de la tierra. Las poblaciones indígenas aún controlaban la mayoría de las tierras hasta fines de la Colonia. A groso modo, yo calculé que durante esa época del siglo de la lana, desde 1850 hasta 1920 se transfirió (en el Altiplano) una tercera parte de toda la tierra del sector campesino al sector de haciendas. Tenemos que reconocer también que esto no significa que todos los campesinos hayan sido pobres. Muchas de las haciendas que se construyeron en esa gran transferencia eran pequeñas y pobres. No estaban bien organizadas internamente. Dentro de esas nuevas haciendas, los colonos, los yanaconas eran los pastores. Es decir, tenemos que ver los matices de esta transformación del paisaje económico – social de esa época. Hubo bastantes campesinos acomodados. Algunos tenían hasta (antes de la transferencia) mil cabezas de oveja. Además, algunos de los nuevos hacendados tenían origen indígena.

¿Estas transacciones se hacían únicamente entre los involucrados o el Estado intervenía de alguna manera?
El Estado peruano ha sido bastante débil durante el siglo XIX. Los gamonales podían hacer lo que querían. Solo en ocasiones en las que se sentían amenazados de una posible rebelión indígena decidían llamar al Estado, para que reprimiera o pacifique. Claro que eso era una situación extraordinaria. Existían también gobernadores y jueces de paz, pero no tenían mucha autonomía. Estaban muy cercanos a los más poderosos.

Estos nuevos hacendados tenían una visión poco progresista. No querían modernizar la industria…
Es que no sabían cómo hacerlo. Era más factible para ellos enriquecerse a su manera, es decir, obteniendo más tierras. Los que tenían grandes capitales eran una capa muy chiquita dentro de todos los hacendados. Eran muy pocos los dispuestos a invertir en mejores pagos, en mejorar la calidad del ganado, en mejorar las escuelas, etc. Para la gran mayoría era más fácil hacerlo como lo hicieron sus antepasados, sacando ventaja de los indígenas, imponiéndose sobre ellos.

En una parte del libro usted cita una frase que hace referencia a que el gran problema de los indígenas era el deseo de los mestizos por expandirse cada vez más…
Existen este tipo de acusaciones siempre. Luis Valcárcel escribe que “cuando los indígenas se vuelven urbanizados, mestizos, explotan a sus propios hermanos del campo”. Debemos tener cuidado con esas ideas. También había mestizos que no eran gamonales. Ser mestizo no es un sinónimo de explotador. Desgraciadamente, en la época que yo estudié, subir en la sociedad, tener más poder e influencia, significaba renunciar a ser indígena. Por eso la gente que quería imponerse sobre los indígenas adoptó la identidad y el tratamiento de mestizos. Creo que algunos de ellos se veían como criollos, como españoles. Una cosa en la estructura socio étnica del Perú es que todos se ven diferentes. Mirar desde Lima hacia Puno es diferente que de ver desde Puno hacia Arequipa. Para los limeños, los gamonales quizás eran unos pobres mestizos bastante rústicos y mal educados. Pero, estos últimos se comparaban con los indígenas y se sentían superiores. No hay una escala socio étnica objetiva en el Perú. Siempre depende de la perspectiva de donde se mira.

Hace unos días el Tribunal Constitucional (TC) del Perú ordenó que se ejecute la devolución de los bonos agrarios. ¿Cuál es su opinión al respecto?
Si se paga en el monto de los comienzos de los setentas, por supuesto que el dinero se ha devaluado. Lo que costaba un sol antes no vale lo mismo hoy. Creo que esto podría facilitar el pago. Una cosa muy importante en toda América Latina debería ser el reconocer los derechos de propiedad. Si no se reconocen los derechos de propiedad, siempre habrá problemas con las inversiones. El derecho a la propiedad me parece bastante básico. Eso ha sido un gran problema en varios regímenes latinoamericanos durante varios años. En sí, este fallo del TC no me parece malo. Un organismo que da un fallo de este tipo, contra los intereses del gobierno, demuestra que goza de una muy importante autonomía. En lo monetario, habría que ver cómo se logra pagar sin desestabilizar el presupuesto del país. Además, claro está, debe hacerse todo lo posible para evitar el fraude con estos bonos, como ocurrió a comienzos de 1850 en los gobierno de Castilla y Echenique, con los bonos de la Guerra de la Independencia. Evitemos que eso pase.

¿Por qué es tan difícil desaparecer la “mancha india”, esta suerte de estigma que usted menciona al final del libro?
No se trata de hacerla desaparecer. Debemos encontrar una manera en la que (los peruanos) puedan desarrollarse de forma justa. He visto a Ollanta en Puno prometiendo millones de dólares en obras. En caso eso se cumpla, me parecería perfecto. Debe ser posible un fuerte desarrollo económico, cultural y social de la región (del altiplano) sin que esto involucre la explotación y el desprecio a las comunidades indígenas. Ellos mismos deben ser protagonistas del surgimiento de su región. Ese es mi anhelo y quisiera sugerir que, si se cambian las actitudes y los patrones de comportamiento, entonces esto sí es posible.

Fuente: LaPrensa.pe (23/07/2013)