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Entrevista a Carlos Iván Degregori en La República: “Si hubiera que elegir la peor plancha sería difícil decidir”

imagen_nAntropólogo, docente sanmarquino, investigador del IEP y ex miembro de la CVR, Carlos Iván Degregori recibió hace poco –con la historiadora Carmen McEvoy– el premio Ciudad de Lima por su destacada trayectoria. Acaba de publicar Qué difícil es ser Dios (IEP), estudio sobre SL entre 1980 y 1999. Aquí opina acerca del momento político.

Por Federico de Cárdenas

¿Es la campaña electoral sosa y aburrida?

–Ojalá fuera aburrida, estaríamos en Suiza. Me parece, sobre todo, lamentable. No estuve en el país en la del 2006, pero la actual campaña me parece digna de un circo de provincias de un país mucho más pobre que el nuestro. Estos dimes y diretes, los psicosociales de Rendón, los cortes de mechones de pelo… Se ve que Keiko no ha visto El padrino, o sabría que el jefe de la mafia no tiene por qué ser un drogadicto. Lo que muestra esta campaña es la brecha que hay entre un país que avanza en sus índices macroeconómicos pero que en sus índices políticos, sociales y culturales no sale de una profunda crisis.

–La crisis ha sido tremenda en los partidos políticos que se supone son más organizados, con esta interminable pelea por ser parte de las planchas.

–Si hubiera un concurso para elegir la peor plancha sería muy difícil decidirse. Eso demuestra lo destrozados que están los partidos, aunque tal vez ello podría ser un buen síntoma, si es que diera lugar a nuevas formas de organización política, más modernas y de acuerdo con el siglo XXI, pero no se ve nada de eso. Con lo que ocurre en el APRA y el PPC estamos ante una suerte de derrumbe final, aunque sin duda el APRA resurgirá, convertido en otra cosa.

–Y seguimos sin tener una derecha liberal consecuente.

–Eso. No la tenemos, lo que me parece nuestro talón de Aquiles más grande. ¿Y por qué más grande que no tener tampoco una izquierda liberal y democrática? Pues porque hace 20 años que los de la derecha “la llevan” y han tenido mucho más tiempo, medios y recursos para que su discurso pegue. Tienen hegemonía total, y a pesar de eso no han querido o sabido reciclarse como una derecha moderna. Esto es terrible pues posiblemente lo que se nos viene es un gobierno de derecha que tendrá que recurrir a la llamada “mano dura“ para sofocar la protesta social. Es decir, implantar la política del miedo, desaprovechando años que nos son tan favorables para desarrollar el país.

–No sé si compartes esta impresión, pero creo que la falta de temas centrales en la campaña hace que se dependa de lo que venga o del menú de chismes diario. Por eso les es tan fácil a García o Cipriani intervenir, llevando agua para sus molinos.

–De hecho. No hay, como dices, ideas fuertes de los candidatos, y menos aún ideas fuertes traducidas en lemas o eslóganes, que son necesarios por el tipo de marketing político que practican las campañas hoy. Nos faltan esos técnicos que puedan traducir los temas importantes en lo que los norteamericanos llaman bytes, que permitirían que detrás de ellos salgan los especialistas o los candidatos al Congreso a reforzarlos. El resultado de esta ausencia es que se abre el espacio para que el presidente o el cardenal sigan siendo los grandes electores.

Grandes y pequeños

–De acuerdo con las últimas encuestas ya tendríamos candidatos “grandes” y “pequeños”. Si te parece, hacemos un recorrido.

–La bola de cristal. Recuerdo que para Navidad busqué una para regalársela a Julio Cotler, pero ya no hay, lo que tal vez sea síntoma de que los augures están también en crisis o se han pasado a internet. Hay tres punteros que van consolidándose como tales. Los únicos que conservan esperanzas entre los que están atrás son PPK y Humala. Respecto a este último, creo que no lo está haciendo mal, aunque su déficit es el no haber podido crear un partido, alianza o forma de organización –no es mi tarea imaginarla, para eso están los políticos– en los cuatro años que ha tenido para hacerlo.

–¿Y respecto a los tres punteros?

–Veo a Keiko con mucho voto en contra. No logra romper ese techo de voto negativo, por más que mañana termine como “candidata calva” por sacarse tanto pelo para que la examinen. Tiene en común con Castañeda que ninguno de los dos es muy fuerte en campañas. Recuerda que cuando Castañeda se lanza en el 2000 llega a tener una bancada de cinco congresistas y todos se le van con Montesinos. Ha armado a última hora una plancha en la que el rumor es que la señora Acuña tuvo que poner una gran cantidad de dinero para estar ahí. Y aunque no lo hubiera puesto, la pregunta es: ¿qué hace ahí? Es un hecho que refleja gran improvisación.

–¿Y en el caso de Alejandro Toledo?

–Pese a que la inclusión de Reátegui también fue cosa de último momento, me parece que es el que hasta ahora presenta menos debilidades. Ya no tiene a Eliane en primer plano y ha logrado mantener distantes a sus hermanos y a Olivera. Si siguiera así, creo que podría ganar la primera vuelta, aunque para la segunda todos los otros se van aliar contra él, con García a la cabeza.
–Hay una tendencia nacional histórica a reelegir a los ex presidentes que también juega a su favor.

–Sin duda. Es el “más vale malo conocido que nuevo por conocer”. Aunque, si se piensa bien, ninguno de los tres primeros sea nuevo por conocer. También veo posible un triunfo de Toledo en segunda vuelta, a pesar del cargamontón y si es que sabe esquivar las piedras más grandes que le pondrán en el camino.

–En cuanto a Castañeda, ¿no crees que para llegar segundo en la primera vuelta tendría que dar un vuelco a su campaña? Porque lo que se ve es un descenso de su apoyo en Lima que no logra compensar a nivel nacional.

–Está probando en carne propia algo que debió saber desde hace mucho –que también tuvo que aprender el APRA– y es que electoralmente Lima ya no es el Perú. Quedó en claro con las regionales. Castañeda se da cuenta ahora de que no basta con dejar las escaleras y el Metropolitano en Lima. Nos falta muchísimo para llegar a ser una ciudad al borde del primer mundo, como algunos la quisieran. Además, carece de una propuesta nacional. La carretera andina es una suerte de Metropolitano gigante que nadie sabe cómo va a financiar. Sigue muy encerrado en su éxito limeño.

–Ya se ha fijado la fecha para el debate antes de la primera vuelta. ¿Crees que podría dar lugar a reacomodos?

–Lo veo difícil. Es que el debate pierde gran parte de su eficacia si es que van a ser once los participantes. Está bien que haya una presentación de todos, pero también debiera haber debates entre los que están adelante, y sobre temas específicos. Recuerda que ni siquiera con su buena actuación Lourdes pudo revertir la diferencia con Susana.

–Ya que mencionas a Susana, ¿crees que Fuerza Social jugó mal sus cartas al decidir ir sola a la contienda?

–Jugó mal sus cartas. No sé cuál era la mejor salida; la más fácil hubiera sido irse con Toledo. Pero había otra, la de decir “aquí estoy y aquí me quedo” y quedarse en el municipio. Hubo demasiadas idas y vueltas con el MNI. Pero FS sigue siendo una propuesta progresista muy lozana y con algo que no ves en los otros: un equipo de técnicos de primera y que sabe su chamba. La decisión tomada, que es la de hacer un buen gobierno municipal y después decidir el futuro, me parece acertada.

–La última demostración de la crisis de la política ha sido lo de las listas al Congreso, que todo indica ha sido una gran feria.

–Es el macerado de todos los defectos y escasas virtudes de la política nacional. Si ya en las regionales hubo candidatos en Ayacucho que intercambiaban votos por billetes, los casos que se han detectado entre los postulantes al Congreso son de vergüenza. Se ve el ser congresista como una chamba bien pagada y que te abre las puertas para sacar mucho más. ¿Cómo revertirlo, pues no lo veo como inevitable? Hay que retornar a la vieja idea de la vocación de servicio y pedir a los candidatos, ya que no adhesiones ideológicas, al menos unas cuantas ideas en beneficio del país. Y veo una posibilidad de reacción en lo fuerte que ha calado la noción de anticorrupción en los votantes y, segundo, en el triunfo mismo de Susana, que tuvo como uno de los puntos fuertes de su campaña la idea de hacer política, y hacerla de forma honesta.

–A pesar de la crisis, me decías que eres optimista, que sientes que puede estar surgiendo desde la base un nuevo diseño del país…

–Sí. Hay una gran ansia de reconocimiento en la gente y se ha avanzado en la diversidad cultural. Ya no estamos frente a la oposición clásica de indígenas y no indígenas. Se habla de opciones de género, de orientaciones sexuales. Que seamos capaces de debatir estos temas ya indica un cambio. Son temas que, hay que decirlo, no son los de un país que muere de hambre o que tiene reservas para seis meses. Ya podemos darnos el lujo de pensar en el respeto a la diversidad o en cómo atacar las formas de desigualdad y exclusión. Un tema en el que se hubiera podido avanzar mucho más en este gobierno, que va a pasar a la historia como uno que fue extremadamente concesivo con los poderes económicos y fácticos. Les ha dado mucho más de lo que hubieran querido, más allá de lo que piden, el obsoleto Consenso de Washington o cualquier otro.

ESTUDIANDO A SENDERO

–Hablemos algo del libro que acabas de publicar, Qué difícil es ser Dios, organizado como una continuación de tu clásico estudio sobre el surgimiento de Sendero Luminoso.

–Lo que ocurrió es que, luego de ese libro, seguí trabajando el tema, y tenía muchos materiales, éditos e inéditos, acumulados. Surgió la posibilidad de estructurarlos y convertirlos en una tesis doctoral, que presenté en la universidad de Utrech (Holanda). Consta de una amplia introducción que es una puesta al día de la cuestión y un intento de situarme no solo en el contexto sino en lo referente a mi ubicación personal frente al tema de la violencia política. Siguen ocho capítulos, algunos ya publicados, y un epílogo. El libro abarca los años de 1980 a 1999.
Tomado de: http://www.larepublica.pe/archive/all/domingo/20110206/7/node/325310/todos/1558