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“El Estado debe proteger a los migrantes haitianos en su paso por el Perú hacia Brasil”

Procedentes de uno de los países más pobres del mundo, desde hace algunos años miles de haitianos han ido dejando su tierra natal en busca de un mejor futuro en Brasil. Pero para llegar allá antes deben pasar por el Perú y sortear varias dificultades, engaños e incluso algunas violaciones a sus derechos humanos. Es por ello que hacia fines de 2012, la Oficina Regional para América del Sur de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) encargó al IEP la realización de la “Investigación sobre migración de población haitiana en Perú y su tránsito hacia Brasil desde el año 2010”. El propósito del estudio, realizado entre marzo y junio de este año, era conocer las características de dicho proceso migratorio y los efectos que tiene en los mismos migrantes, así como en las dinámicas socioculturales de las localidades peruanas por las que transitan para llegar al gigante del Atlántico sur. El trabajo ha estado a cargo de las sociólogas Tania Vásquez, investigadora principal de nuestro Instituto y coordinadora del estudio; Erika Busse, de la Universidad de Wisconsin de River Falls; y Lorena Izaguirre, doctorante de la Universidad Católica de Lovaina. Conversamos con Tania Vásquez acerca de los principales aspectos que ofrece este estudio que próximamente será publicado junto a investigaciones similares realizadas en Ecuador, Bolivia, Haití y el mismo Brasil.

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Procedentes de uno de los países más pobres del mundo, desde hace algunos años miles de haitianos han ido dejando su tierra natal en busca de un mejor futuro en Brasil. Pero para llegar allá antes deben pasar por el Perú y sortear varias dificultades, engaños e incluso algunas violaciones a sus derechos humanos. Es por ello que hacia fines de 2012, la Oficina Regional para América del Sur de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) encargó al IEP la realización de la “Investigación sobre migración de población haitiana en Perú y su tránsito hacia Brasil desde el año 2010”. El propósito del estudio, realizado entre marzo y junio de este año, era conocer las características de dicho proceso migratorio y los efectos que tiene en los mismos migrantes, así como en las dinámicas socioculturales de las localidades peruanas por las que transitan para llegar al gigante del Atlántico sur. El trabajo ha estado a cargo de las sociólogas Tania Vásquez, investigadora principal de nuestro Instituto y coordinadora del estudio; Erika Busse, de la Universidad de Wisconsin de River Falls; y Lorena Izaguirre, doctorante de la Universidad Católica de Lovaina. Conversamos con Tania Vásquez acerca de los principales aspectos que ofrece este estudio que próximamente será publicado junto a investigaciones similares realizadas en Ecuador, Bolivia, Haití y el mismo Brasil.

Los migrantes haitianos poseen varias rutas de tránsito por nuestro país. ¿En qué consistió la investigación?
Así es. En el caso de este estudio el trabajo de campo se centró en dos zonas de frontera. La primera en Aguas Verdes, en la frontera Perú-Ecuador, que es la zona de paso por la que ingresan a nuestro país; y la segunda en Madre de Dios, por donde salen e ingresan a Brasil. Fue una labor extensa porque requeríamos saber no solo el trazo de las rutas sino también los costos que se generan al recorrerlas. Queríamos averiguar también qué tipo de interacciones tenían los ciudadanos haitianos con los “coyotes”, los tipos de vulneraciones a sus derechos sufridos por estos a lo largo de la ruta, así como las consecuencias de este tránsito en las localidades por las que se realiza. Por otro lado, el trabajo también se realizó en Lima conociendo el marco normativo legal que manejan instituciones como la Defensoría del Pueblo y la Cancillería. Con ello, más la recomendaciones que hemos hecho, hemos tratado de brindar un diagnóstico completo sobre esta problemática y sus posibles soluciones.

¿Cuáles son las características demográficas de este grupo humano?
Sabemos por información que la Superintendencia Nacional de Migraciones (antes DIGEMIN) registra de los ciudadanos haitianos que entran al país, de forma autorizada o con visto en su pasaporte, que este grupo de migrantes se compone sobre todo de varones que están entre los 25 y los 45 años aunque también de mujeres jóvenes. Se trata de una población bastante joven. La posición que ellos ocupan dentro de su hogar varía dependiendo del origen de su viaje migratorio; es decir, si este se ha realizado desde Haití o desde República Dominicana, y con ello hay una cadena de consecuencias sobre qué tipo de objetivos específicos tienen en Brasil, cuánto tiempo planean estar allá y qué tipo de trabajo buscan realizar. Por ejemplo, los que vienen de Haití son sobre todo ciudadanos que tienen menos recursos económicos y son hijos del jefe del hogar o hijos del cónyuge del jefe del hogar.

Es decir, la migración de los haitianos no solo proviene del mismo Haití sino de otros países como República Dominicana…
Así es. Y ello se debe a que detrás de todo esto hay una migración histórica de los ciudadanos haitianos a países como República Dominicana, Estados Unidos y Canadá. Sobre la base de esas migraciones pasadas es que ocurren estas nuevas migraciones que se han reorientado a un país de América Latina emergente como Brasil. Los que salen de Haití son los que tienen menos capital migratorio, y en parte por ello es que se han quedado ahí, mientras que los que salen de República Dominicana tienen el propio viaje a este país como experiencia (capital migratorio) y están en la posición de jefes de hogar o cónyuges de jefe de hogar, pues ya tienen una familia que mantener y deciden, por ejemplo, migrar más tiempo o migrar con la familia.

¿A qué se refiere el concepto «capital migratorio»?
En este caso, el capital migratorio puede reflejarse en tres tipos de recursos: el idioma, la experiencia laboral y educativa, y los recursos económicos. Primero, los que salen de Haití solo hablan créole, en menos casos también francés. En cambio, los que salen de República Dominicana generalmente ya hablan castellano, han estado entre 5, 8 o 10 años allí y han aprendido el idioma. Incluso, en algunos casos han estado desde niños ahí. Saber un idioma más es un componente importante del capital migratorio, sobre todo para transitar por nuestra región. Segundo, han podido acceder a mayor educación, ocupan un segmento ocupacional muy claro que es el de la construcción. La mayoría de los migrantes haitianos varones, en especial los que parten de República Dominicana, saben mucho de albañilería y construcción y se han especializado en eso. Y tercero, los que han salido de República Dominicana y en menor medida los que parten de Haití, suelen ser a su vez miembros de familias que han estado o siguen en Estados Unidos o Canadá. Es decir, las remesas de esos parientes en otros países han contribuido a las migraciones previas de los actuales migrantes haitianos a Brasil (como esa primera migración de Haití a República Dominicana) o a su propia sobrevivencia y migración interna rural-urbana, por ejemplo en el caso de los que parten de Haití. No obstante, también hay ciudadanos haitianos que tienen recursos económicos apreciables y parten desde el mismo Haití.

¿Más allá de los países de los que parten, hay aspectos comunes en estos diferentes grupos de haitianos?
El hecho de mirarlos por la televisión o enterarnos de ellos por las noticias, en este paso tan dramático que han tenido por nuestro país, no nos ha brindado la posibilidad de saber que en realidad es un grupo bien heterogéneo desde el punto de vista socioeconómico, del capital migratorio que traen y las posiciones que ocupan en sus familias y con ello de sus planes en destino. Esta migración es una corriente formada principalmente por varones, pero también hay mujeres jóvenes. Sin embargo, la decisión de migrar en todos los casos es la necesidad de obtener recursos suficientes para solventar a sus familias, tanto en cuanto a necesidades básicas urgentes como en el acceso a la educación terciaria de los más jóvenes.

¿El tratamiento que le han dado los medios de comunicación al tema ha contribuido a reforzar una opinión negativa sobre ellos?
Sin duda. En los medios sobre todo escritos y regionales se hace referencia a ellos como “ilegales”, “extranjeros ilegales” e “indocumentados”. La etiqueta de “ilegal” se ha hecho común para referirse a ellos ya que la mayoría se encuentra en situación migratoria irregular. Esto no es apropiado, estigmatiza. También es inexacto referirse a ellos como “indocumentados”, ya que la mayoría de ciudadanos haitianos porta consigo su pasaporte, además de copias laminadas de éste y de otros documentos importantes. Pero no sólo se ha formado esa opinión negativa. La población peruana en interacción con ellos, también se solidariza, se identifica con ellos y los ayudan espontáneamente en lo posible, no todos sacan provecho.

¿Cuál es el impacto que deja este tránsito en las localidades donde se produce?
Podríamos hablar de cuatro impactos en diferentes niveles. Antes, cuando la frontera con Brasil estaba cerrada hasta el 12 de enero del 2012, ellos se asentaron por mucho tiempo en Puerto Maldonado. Entonces, había posibilidad de observar un efecto más duradero de ese tránsito. Sin embargo, ahora que está abierta la frontera de Brasil, su estadía en Perú es transitoria, pero aun así se han cristalizado algunos impactos. El primero es que hay un negocio, una forma de vivir de civiles que están en las dos fronteras (con Ecuador y Brasil) que forman parte de una especie de grupo ambiguo. Algunos son “coyotes” que van a tratar de perjudicar a los haitianos o no les va a interesar su seguridad, mientras que otros ven en ellos una oportunidad de negocio, como transportistas y taxistas, para llevarlos a la frontera y cobrarles entre cien y doscientos dólares, por ejemplo. Es decir, se ha creado una economía informal en torno a trasladar a los ciudadanos haitianos, sobre todo en la ruta que está a su paso. El segundo es que algunos ciudadanos haitianos se han insertado en el mercado laboral regional, especialmente en Madre de Dios, ya que son conocidos por sus habilidades para la construcción. También se ha registrado su participación, no siempre voluntaria, en actividades como la tala ilegal, que está más alrededor de la frontera con Bolivia, y también en la minería informal que está más alrededor de La Pampa. Hay espacios en esta región donde hay mucha desinstitucionalización y no hay presencia de autoridades. Varios también se han aprovechado de la vulnerabilidad de los ciudadanos haitianos por el idioma o porque les falta un sello en el pasaporte, de esto voy a hablar después. El tercero, es que algunos han decidido establecerse en el Perú y han formado familias, pero este es un grupo muy pequeño. Finalmente, el cuarto es que esto nos permite ver las dificultades que tienen varios de los instrumentos de la política migratoria peruana y lo complejo que es administrar justicia y gestionar la migración en nuestras fronteras.

¿Y cómo ha sido la respuesta del Estado peruano frente a esta problemática?
El Estado peruano ha respondido desde diferentes niveles y de forma distinta. Sabemos que un actor central en la defensa de estos ciudadanos es la Defensoría del Pueblo, que es parte del Estado. Ellos han realizado una gestión muy seria. También sabemos que desde la Cancillería se ha conformado un grupo para abordar el tema desde diferentes sectores y proteger el paso de los haitianos, sobre todo cuando se habían quedado en Madre de Dios antes de enero del 2012. En la actualidad, como pasan más fluidamente hasta Brasil, no hay esa preocupación pero hay otros problemas. La apertura de la frontera de Brasil coincide con el establecimiento de visa temporal en calidad de turista para los haitianos en su paso por el Perú. Con ello se ha generado un efecto no deseado porque los que no logren conseguir la visa para nuestro país, igual van a pasar por él por este intenso deseo de llegar a Brasil, donde saben que tienen un portal migratorio especialmente abierto para ellos. Y el problema es que en territorio peruano al tener este paso irregular, ellos están expuestos a varios abusos y a ser presa de coyotes y policías deshonestos. También, nos damos cuenta que la ley de extranjería tiene vacíos, no están reglamentados varios aspectos que les permitirían a los que administran el paso y control de los extranjeros hacer una buena gestión.

¿Y cuál sería la principal recomendación que ofrece la investigación para afrontar esta problemática?
La recomendación central que hace el estudio es que el Estado debe proteger a los ciudadanos haitianos en su tránsito por nuestro país. Debe brindar todas las condiciones para que no se encuentren vulnerables frente a autoridades deshonestas y civiles que van a querer sacar provecho o lucrar sobre su condición. En ese sentido, el establecimiento de la visa humanitaria para los ciudadanos haitianos es una necesidad. Sabemos que este instrumento legal está en discusión en el Congreso hace mucho tiempo. Mientras tanto los ciudadanos haitianos continúan pasando en esas circunstancias tan vulnerables. Un aspecto positivo que se debe señalar es que desde el propio Estado, sobre todo desde Cancillería en coordinación con OIM, se viene trabajando en proponer mecanismos de solución que formen parte de un aproximamiento regional, que tome en cuenta no solo lo que está pasando en el Perú sino en Haití, Ecuador, Brasil y Bolivia. Este estudio es parte de ese esfuerzo.

¿La solución también pasaría porque el Perú como país tenga una política más clara para los migrantes?
Pensamos que hacia Brasil van a seguir dirigiéndose migrantes, no sólo haitianos. Nuestro país va a seguir siendo un país de tránsito para esos migrantes de diferentes nacionalidades y algunos se quedarán. Como planteamos antes, la ley de extranjería tiene vacíos y es necesario aclarar, tal vez corregir algunas estipulaciones, también consolidar varios de los procedimientos que se desprenden de ella. Más allá de eso, también hay corrupción, de parte de agentes individuales de la policía. Por ejemplo, en la mayoría de los asaltos que sufren los migrantes haitianos en las cercanías de la frontera norte entre Tumbes y Piura, los “coyotes” están coludidos con policías. Incluso hay casos en los que estos últimos no solo demandan coimas, sino los asaltan, les sacan todo su dinero, rebuscando entre sus ropas. Eso cuando se trata de mujeres es un factor que agrava el problema. Es muy serio. Todo ello también refleja la situación de amplios espacios al interior de las regiones fronterizas en los que las instituciones estatales son débiles o en preocupante medida están ganadas por la corrupción y hay un lugar amplio para la impunidad.

Entrevista: Alberto Mori
Foto: Perú.21