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[CRÍTICA Y DEBATES] «Chambeamos más, ganamos menos», por Laura Amaya

Vivimos anhelando que el día tenga más horas para así poder hacer todas las actividades que quisiéramos, desde practicar algún deporte hasta dormir un poco más. Y es que, por más organizados que seamos, siempre hay asuntos pendientes que dejamos para después, para cuando haya “más tiempo”. En ese sentido, vale la pena preguntarnos si esta percepción de que el tiempo no nos alcanza es compartida de la misma manera por todos en nuestro país o si se acentúa en algunos segmentos poblacionales más que en otros como, por ejemplo, en las mujeres. Los resultados de la encuesta sobre los impactos de la pandemia en las mujeres, encargada al IEP por el Centro de la Mujer Peruana Flora Tristán (2021),[1] muestran resultados que llevan a más de una reflexión respecto a cómo el uso del tiempo, recurso tan valorado por todos, representa un factor más de desigualdad de género que es pertinente visibilizar.

Cuando se les pregunta a las personas por la cantidad de horas que destinan a distintas tareas a lo largo de su día se obtiene que los hombres dedican en promedio 6,9 horas diarias a realizar una actividad que les genere algún tipo de ingreso. En el caso de las mujeres solo se destinan 4 horas a lo que vendría a considerarse un trabajo remunerado. Por el contrario, cuando se pregunta por el tiempo invertido en realizar las labores de la casa (cocinar, lavar, limpiar, etc.), cuidar a otras personas o acompañar a menores en sus clases virtuales, el panorama es completamente diferente: las mujeres destinamos en promedio 7,5 horas de nuestro día a este tipo de trabajo no remunerado, a diferencia de los hombres, que solo invierten 3,7 horas a estas tareas más domésticas. Si contabilizamos el tiempo semanal, las mujeres invertimos el doble que los hombres en labores domésticas y de cuidado: 52,8 horas versus las 25,6 de los hombres. Efectivamente, el tiempo no nos alcanza, pero a las mujeres menos: destinamos 27 horas semanales más que los hombres al trabajo no remunerado. Y aunque esta tendencia ya se veía reflejada en la última Encuesta nacional de uso de tiempo (INEI, 2010), parece haberse intensificado con la pandemia por el covid-19 en la medida que la mujer, por su simple condición de ser mujer, ha tenido que asumir una mayor responsabilidad en el hogar, las tareas de la casa y el cuidado de los hijos y personas vulnerables.

La misma encuesta concluye que en 82% de los hogares peruanos es una mujer quien se encarga de la mayor carga doméstica y de cuidados, a diferencia del 16% que señala que es un hombre el principal responsable de estas tareas. Claramente estos resultados dan cuenta de una brecha que perjudica notoriamente a las mujeres peruanas en su capacidad para aumentar sus ingresos y en fomentar su independencia económica. ¿Cómo lograr una mayor inserción laboral si están más ocupadas en actividades no remuneradas? ¿Cómo conseguir que sean más autónomas, en un contexto donde han sido más mujeres que hombres las que han tenido que dejar de trabajar o estudiar para dedicarse a cuidar a otros debido a la pandemia? La cancha está inclinada, y es probable que estas cifras sean más desalentadoras todavía si miramos a las mujeres en el ámbito rural o a las de niveles socioeconómicos más desfavorecidos.

Si queremos fomentar mayor igualdad, debemos empezar por cambiar esta realidad. Ya no se trata solo de la famosa brecha salarial (por la cual los hombres ganan más que las mujeres por hacer exactamente el mismo trabajo), sino de enfocar políticas que ayuden a modificar esta distribución desigual en el uso del tiempo y que se traduzcan en un mayor acceso a oportunidades laborales para las mujeres que les permitan ocuparse en actividades remuneradas con los beneficios laborales que ello implica.

Es probable que en los últimos años sean cada vez más los hombres que destinan más tiempo a actividades de cuidado y labores domésticas. No obstante, todavía hay una desproporción que es preciso corregir. Empecemos por casa, educando a los niños y niñas en igualdad de género y combatiendo estereotipos que refuercen la idea de que la mujer es quien no solo debe asumir las tareas domésticas y de cuidado, sino además la carga mental que implica el organizar el hogar y distribuir sus tareas. Ese también es un trabajo no remunerado, permanente y agotador.

 

 

[1] Mayor información sobre esta encuesta disponible en:

https://suplementos.larepublica.pe/19760-un-motivo-para-reflexionar y https://larepublica.pe/nota-de-prensa/2022/01/24/mujeres-cuidados-y-pandemia/