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Carolina Trivelli: «Juntos: asistencia y desarrollo»

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Una crítica recurrente a la política social es la predominancia del asistencialismo sobre las políticas que promueven desarrollo. Crítica poco útil, pues sabemos que se necesita de ambas. Las políticas asistenciales pueden generar desarrollo y las políticas de desarrollo no son una alternativa a las asistenciales, son su complemento.

Un ejemplo que se usa frecuentemente para ilustrar la predominancia de lo asistencial son los programas de transferencias monetarias condicionadas (TMC); una clara muestra de asistencialismo puro y duro. Hablamos de Juntos en Perú y de otros programas similares en América Latina, donde más de 100 millones de personas viven en hogares que reciben TMC. Son programas que dan efectivo a familias que en contraprestación cumplen condicionalidades, como el uso de servicios de salud y educación para los niños. La noción de asistencialismo viene, entonces, porque el Estado entrega dinero a las familias por hacer lo que deben hacer: velar por el bienestar de sus niños. Se les regala dinero y con ello, sostienen algunos, se les asiste y se les mantiene pobres.

El objetivo de las TMC y de programas como Juntos es promover que los padres de las familias más pobres usen los servicios básicos a los que tienen derecho y opten por llevar a sus hijos al centro de salud y a la escuela. Así, el Estado se asegura de que los niños tendrán salud y educación, mejores opciones de no heredar la condición de pobreza de sus padres y que podrán aportar al desarrollo del país (incluir para crecer). Este argumento es suficiente para refutar el carácter asistencial de Juntos, pero hay más. Se está invirtiendo hoy para que los niños lleguen a ser adultos con mayores capacidades. La TMC es solo un vehículo en el presente para lograr un efecto en el futuro. ¿Una generación más saludable y educada no es acaso desarrollo?

Las evaluaciones de los programas de TMC en general, y de Juntos en particular, muestran que sí tienen un efecto en mejorar la salud de los niños —concretamente en sus primeros años, cuando es crítico— y en sus niveles de escolaridad, tanto en el inicio oportuno de la vida escolar como en la permanencia en esta. Pero, además, luego de más de quince años de TMC en la región y de ocho años de Juntos, se ha demostrado que estos programas generan otros efectos ligados al desarrollo. Las evaluaciones independientes sobre Juntos muestran que hay efectos positivos en el consumo de alimentos, en particular de aquellos que esas familias no consumían de manera regular y que son claves para la nutrición de los niños, lo que se asocia directamente con menos pobreza extrema. También hay evidencia de más poder y capacidad de decisión en las mujeres que reciben la transferencia (empoderamiento) y con ello reducciones en la violencia doméstica —psicológica y física—, así como mayor propensión a desarrollar actividades que generan seguridad alimentaria, nuevas fuentes de ingresos, acceso y uso del sistema financiero, y mayor estabilidad en el consumo. Efectos que representan más oportunidades para las familias, y en particular para las mujeres, y que las habilitan a relacionarse con otras acciones que incrementan sus opciones de superar la pobreza.

Sin embargo, a pesar de estos efectos positivos persisten “sentidos comunes” que señalan que las TMC generan incentivos perversos y no ayudan a superar la pobreza. Sin mayor prueba que anécdotas o comentarios sobre mujeres que se embarazan para recibir Juntos, esposos que no trabajan, chacras que se quedan sin producir, dinero que va a tonterías o a emborracharse, no se ha podido determinar que dichos casos —presentes de manera aislada— sean atribuibles a las TMC.

Juntos ha traído y trae desarrollo a las familias más pobres del país, permite el ejercicio de derechos y genera más oportunidades. Oportunidades que se potencian con programas complementarios —de desarrollo de capacidades o desarrollo productivo— que sin Juntos no llegarían a esas familias. Juntos es pieza clave de la inclusión y el desarrollo y claramente no es pura asistencia, como quieren seguir sosteniendo algunos.

Fuente: Revista Poder (octubre)