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Antonio Zapata: La demanda boliviana

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A muchos ha sorprendido el reclamo boliviano contra Chile exigiendo un puerto en el Pacífico. Lo sorpresivo no radica en la petición, que se sabe centenaria, sino en la elección del escenario: la Corte Internacional de Justicia de La Haya, CIJ. Igual que nosotros y antes que termine nuestro reclamo. De ese modo, caben algunas preguntas, ¿esa demanda es oportuna, tendrá algún fundamento?

En primer lugar, sobre la ocasión. Bolivia ha evaluado como exitosa la estrategia peruana y decide copiarla. A nosotros no nos afecta, al contrario, de una manera silenciosa pero evidente, califica positivamente la conducta de nuestra cancillería en materia del mar.

Por otro lado, antes que comience su caso habrá terminado el nuestro. Aún no han presentado su demanda, incluso deben dar pasos preliminares que no han agotado.

Mientras que, la inapelable sentencia del caso Perú-Chile se conocerá en algunas semanas. Así, la demanda boliviana seguirá a la peruana, una a continuación de la otra. El problema no es nuestro, en todo caso de Chile, que ha de afrontar dos demandas sucesivas.

Así, Bolivia no se ha interpuesto con el Perú, solamente ha seguido el mismo camino. Luego se halla el tema de fondo, ¿tendrá alguna razón? En realidad, depende. Hasta hoy no se conoce el contenido de la demanda boliviana. Depende de lo que vayan a reclamar. Como aún no se conoce, pues veremos a dónde apuntan los argumentos del país altiplánico.

Pero, estará perdido si pide la invalidez del tratado de 1904. Ese tratado fue firmado por Bolivia en total libertad. Su territorio no estaba ocupado por Chile ni estaba amenazada su integridad. El tratado incluía un conjunto de otras cláusulas, todas las cuales fueron cumplidas, y ambos congresos lo ratificaron.

En ese tratado de 1904 Bolivia cedió a perpetuidad su antiguo departamento del litoral, en Atacama. Por ello, es difícil que la CIJ acceda a revisar un tratado solo porque una parte lo considera injusto. Si se aceptara ese criterio, todo el edificio institucional se derrumbaría, porque siempre habrá quien considere injusto algo que firmaron sus antepasados.

Por eso depende de Bolivia y de la naturaleza de su reclamo. Podría demandarle a la CIJ un punto más sofisticado. Por ejemplo, Chile lleva más de un siglo meciendo a Bolivia. Muchas veces le ha prometido abrir discusiones para tratar la mediterraneidad y arribar a una solución.

Antes del tratado de 1904, Chile había prometido Tacna y Arica, si vencía en el plebiscito. Chile llegó a firmar un documento, que luego su Congreso no ratificó. Luego, en 1920, Chile y Bolivia suscribieron un acta dejando constancia de su voluntad para procurar un acuerdo que permita a Bolivia una salida al Pacífico. Esa voluntad fue ratificada en 1950, cuando intercambiaron notas, acordando negociar una salida al mar por el norte de Arica.

Estos tres ofrecimientos de Chile a Bolivia para abrir negociaciones se concretaron en el llamado abrazo de Charaña, entre los generales Banzer y Pinochet en 1975. En aquella ocasión, Chile y Bolivia llegaron a un entendimiento sobre una franja de diez km al norte de Arica. De acuerdo al tratado de 1929, consultaron al Perú. Nosotros respondimos creativamente con una sugerencia. Pero, Chile insistió ante Bolivia que el ofrecimiento era un canje y que esperaba la propuesta boliviana al respecto. Bolivia se ofendió y rompió relaciones. Hasta hoy.

La última negociación seria fue con Bachelet cuando el mismo Morales mantuvo años de negociaciones infructuosas. Después de esa ocasión, Bolivia se ha animado a confrontar, preparando su documentación y argumentos para acudir a La Haya. Toda la información se halla en una excelente tesis de la Academia Diplomática escrita por Natalia Navarro.

Para terminar, volver al punto. Todo depende del contenido de la demanda boliviana. Podrían ganar, si simplemente le pidieran a la CIJ que, en función a tantos antecedentes, ordene a Chile sentarse en la mesa de negociación y no levantarse sin un acuerdo.

Fuente: La República (10/04/2013)